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Alexis Fernandez tiene una pintura en la que el estilo figurativo marcadamente realista no le quita alas a la imaginación.
Son dos cuadros en uno, por no decir que en paredes y rincones se muestran y ocultan otros. De la manera en que comúnmente se presenta la Virgen en la iconografía religiosa, Fernández coloca al centro una imagen de mestiza rematada por un barquito de papel que echa humo y tiene casas con chimeneas en la parte baja del vestido, sobre una mesa que desde el cuadro de fondo abre una gaveta al de primer plano. Al margen de semejante trama, de los papeles al vuelo y de las tazas suspendidas en la ingravidez, lo que da misterio al cuadro son los pasillos insondables que lo recorren desde el fondo hasta la superficie; es decir: hasta cualquier punto elegido por el espectador como foco de atención.
El juego de luces y de sombras da a entender que la artista se tomó bien en serio el asunto de la perspectiva en la academia, y que lo aprovechó no sólo con rigor y elegancia, sino también con originalidad. |